Lo imposible.

Ayer, día de estreno, fuimos a ver la película de la que todo el mundo habla: “Lo imposible”, de J.A. Bayona.

Y salí del cine, con una gran mezcla de sentimientos y de sensaciones. En la vida se me olvidará esta película. Pensaba que era una película más, pero me equivoqué. Y mucho.


lo imposible


Pero cuando llegó la sangre, llegó el padecimiento para mí. Yo soy de naturaleza impresionable y desde ayer estoy convencida, que soy de naturaleza muy muy impresionable.

De toda la vida, la sangre me da repelús, pero sobre todo aquella que sale de una herida o la que sacan para un análisis.

 Comienza como todas las películas, todo felicidad y color. Pero cuando el terrible tsunami que asoló el sudeste asiático en 2006, aparece en escena todo cambia. Incluso me cambió el color a mí. El corazón en un puño, el estómago encogido y el alma secuestrada de miedo.........


Ya puede ser mía o ajena. Hematofobia creo que le llaman.

Así que cuando la protagonista sufría, yo también. Comencé a tener calor, mucho calor, sudaba a mares. Yo que no soy de sudar mucho, ya sabía para donde iban a ir los tiros. Más calor, mucho. Agobio. Fuera el pañuelo del cuello. Me abanicaba con la mano. Cerré los ojos y apoyé la cabeza en el hombro de mi marido, que se dió cuenta de lo que me estaba sucediendo y como me conoce bien, me acarició la frente húmeda.

lo imposible


La protagonista sufre más, grita, le duele horrores. Y yo pasé a los sudores fríos, el corazón a mil y empiezo a toser, porque vienen las náuseas. Una arcada. La protagonista llama a su hijo, del dolor que tiene. Otra arcada y de repente ya no oigo nada y no es porque en la película no digan nada, no. Sino porque es tal la impresión, es tal mi malestar, que llega el momento del desmayo. El momento en que los brazos no me responden y el cuerpo se afloja completamente. Durante unos segundos mi cerebro desconectó para darme un respiro.

Mientras va mejorando la situación de María y Lucas y yo comencé a recuperar el control. Aún me encontraba fatal, mal, cansada y agotada.
Poco a poco, la película evoluciona. Yo sigo aferrada al brazo del marido, que de vez en cuando movía los dedos para que le corriese la sangre. Pero no quitó el brazo de allí, me lo prestó de mil amores, como almohada.  

Abrí los ojos y ya mejor, pude ver hasta el final de la peli, en donde no dejé de llorar. Lloré por los actores que lo hicieron espectacularmente bien y realista. De Oscar. Lloré por los protagonistas de esta historia verdadera, lloré por todos aquellos que murieron o desaparecieron, los heridos o damnificados, en aquella catástrofe. De todas las catástrofes. 

Lloré por el miedo que da estar solo. Lloré por no querer dejar solo en el mundo a un hijo y querer cuidarle siempre, lloré por la época que estamos viviendo, lloré por lo que perdemos y no sabemos cómo, ni por qué. Lloré porque nuestro hijo, es el niño más majo y salado qué hay. Lloré porque estoy deseando que deje (o baje el volumen) de sus gritos, para no llamar tanto la atención. Lloré porque cada vez que se va, es como parir de nuevo. 

Lloré porque me mata el miedo a que le pase algo y yo no esté para ayudarle. Pero visto que soy muy “valiente” y que con la sangre de una película soy capaz de desmayarme, no sé si sería útil, en caso de emergencia. Supongo que haría LO IMPOSIBLE, lo impensable.

Y lloré porque algunas veces soy medio gilipollas y otras gilipollas entera, supongo que lo compensaré (o eso espero) con alguna virtud, que tengo. Y lloré porque cuando uno lo ve todo negro, viene alguien y le da color.

Y se encendió la luz. No era la única que lloraba, pero segurísimo que era la única que durante un rato no había visto, ni oído nada.
Salimos del cine. Llovía. Agarrada al otro brazo del marido y temblando, de frío, de miedo, de agotamiento, nos encaminamos hacia la boca del metro más cercana.

Y este post está dedicado a todos y cada uno de aquellos que me quieren. Yo os quiero a todos, mucho, aunque a veces no sepa demostrarlo. Pero en especial a mi marido, que me quiere tal y como soy: rara, alegre, triste, alocada, desenfadada y vergonzosa, gruñona y atontada. Me quiere cuando hablo mucho o no digo palabra. Me entiende y me disculpa. Me mima y me consiente. Supongo, que esto es una declaración de amor en toda regla: - me encanta que estés en mi vida y que codo con codo lo hagamos todo. (Ahora en las pelis, se dan un beso apasionado…)

A mi niño. Qué cada pequeño logro es una felicidad, que compensa todo el trabajo y la constancia de tiempo, algunas veces indeterminado. Qué está entrando en la adolescencia, se nos va haciendo mayor y no sabe como decírnoslo, así que nos enfurruñamos todos, porque no nos entendemos, entonces hay un poco de caos. ¡Pero es tan rico!

Y aún estoy conmocionada, la película te descubre que en un segundo la vida cambia y que lo creemos importante deja de serlo y lo más simple es vital. Te hace pensar, reflexionar. Y a mí, más cosas ;) Espero que no me vuelva a suceder. Porque no es plan, querer ir a ver una película y en vez de eso, vivir mi propia aventura.
Me despido por hoy, nos vemos aquí, no sé cuándo. Pero mientras tanto, os echaré de menos. Besos.


suscríbete por email a silmariñecas

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por comentar y por tu visita.
¡Vuelve pronto! Besos

Blogging tips