Un monstruo viene a verme

Ayer fuimos a ver "Un monstruo viene a verme" de J.A. Bayona @filmbayona, me gustó mucho y lloré muchísimo.


un monstruo viene a verme


Y como siempre tuve sentimientos encontrados. No vamos muy a menudo al cine. Parte es porque tiene que coincidir que nos interese la peli y que alguien se encargue de nuestro hijo. Que esté de fin de semana con la asociación, por ejemplo. 

Y por otra parte es, que odio (si, odiar) que la gente coma cosas que hagan ruido durante la proyección. Desconcentra. Es como si durante una operación, el anestesista se pone a comer pipas. Vale, igual exagero.

¿Pero qué sentido tiene, que te pases toda la película abriendo bolsas de plástico duro (plástico ruidoso y que no se deja abrir) o que comas maíces (que por mucho que lo intentes masticar despacito, hace un ruido infernal) o peor aún que le des a las pipas y no dejes de hacerlo ni en las escenas más emotivas? De ahí que el volumen esté alto en las salas.

Que yo sepa nadie come en el teatro por respeto a los actores. Pues en el cine debería ser, por respeto a los demás. Pero vamos a lo más importante: la película.


Para empezar al recogernos la entrada, nos dan un pequeño paquete, con lo que parece un pañuelo de papel. "En #cinesa adoramos a J.A. Bayona, aunque a veces nos haga llorar" Es seguro que vamos a llorar, pensé.

un monstruo viene a verme


Ya dentro y acompañados del sempiterno ruido palomitero y demás masticaciones, me sumerjo en la película.

Yo, soy muy dada a identificarme, a que me duela porque veo dolor reconocible, y porque a mí también me vino a ver un monstruo. No con la forma de la película, pero sí con la esencia. Y lloré a mares.

Nosotros hemos madurado a marchas forzadas con el #autismo de nuestro hijo, así que cuando, en la escena en que la abuela (Sigourney Weaver) descubre lo que había hecho Connor, el protagonista (Lewis MacDougall) y se oyen risas en la sala, pensé "¿de qué se ríen? No es gracioso, es gravísimo. Ahí me di cuenta de que, según tus vivencias, absorbes de una u otra manera el film. O la vida.

En la lucha desesperada del protagonista de superar sus miedos, intentar comprender y aceptar lo que le ocurre a su madre (Felicity Jones), en el colegio o que sus padres estén separados, me uní a él, en la agonía que te atenaza y no te deja avanzar. Y lloré a mares.

Y más triste fue, cuando en una de las escenas cumbre, cuando en el cine se aguantaba la respiración y se lloraba bajísimo, como con vergüenza (menos la persona que comía pipas, clis, clis, clis... que tenía que ser de piedra) una persona se sonó los mocos. Media sala se rió del hecho. Ya no me sorprendí. Pero si me dio pena y soledad.

Nos acercábamos al final. Mucho más dolor y lágrimas, el/la que comía las pipas o bien, se había rendido o bien se le habían terminado, afortunadamente. Moqueo y lagrimeo general. Cada uno por el motivo que fuese. Porque que te sintieses identificado, porque empatizabas o porque te diese pena. Nos dejamos llevar, arrastrados por la cantidad de sentimientos que te llenaban el pecho.

Se encendieron las luces y no pude levantarme, aún no he vaciado mi corazón ni el árbol ha terminado de rescatarme. Bajé las escaleras llorando por todo. "Va ser duro, durísimo. Pero te repondrás" dijo el tejo en la película.

Y si, lo harás si quieres seguir adelante, pero te acompañará siempre. A mí el dolor me cambió y me hizo frágil. Pero he aprendido a buscar y a vivir momentos gozosos que me devuelvan esa sonrisa que ilumina. A saber que, es importante y que no. Y a tratar de vivir en paz, porque así no ayudo a nadie. Y puedo decir que soy feliz la mayoría del tiempo. Bien ¿no?

En nuestra vuelta a casa, comentamos la película desde nuestro punto de vista, concluyendo que nos había gustado mucho. Por mensaje, contenido, modo y por forma. Que nos había llegado, haciéndonos llorar, (a mí a mares) Y creo yo, que a mi marido y a mí, estas películas nos unen más. Porque verbalizamos lo que nos han hecho sentir, desde la gran pantalla. Terapia de pareja.

Es la segunda vez que salgo del cine impresionada y conmocionada, y en las dos ocasiones ha sido con el mismo director J.A. Bayona. Si no, recuerda lo que escribí cuando fuimos a ver Lo imposible.

Así que os recomiendo #UnMostruoVieneAVerme, os tocará el alma.
Eso sí, Sin pipas. Gracias.

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3 comentarios:

  1. Silvia, gracias por tu relato de la película, aunque no sé si querré ir a verla y pasar "ese rato" en el que todo se te revuelve. Ya veremos
    Un beso

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  2. Hola buenas, me animo a escribir por primera vez. Por un lado agradecerte el haber compartido esta experiencia con todos nosotros/as, por otro lado comentar que todos/as nos vemos identificados de una u otra manera con esa película, es una obra maestra del cine bajo mi punto de vista, quizás no con tanto recorrido como otras afamadas películas, pero para mi lo es, por lo que nos muestra y sobre todo por lo que rescata de nuestro fondo, de ese fondo humano que todos/as tenemos. Una vez más, gracias.

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  3. Gracias por tu sincero relato, Silvia.
    He visto sus dos películas anteriores (El orfanato y Lo imposible) y en las dos he llorado a mares.
    También veré esta y ya te contaré.
    Besos mil.

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